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Escuela de maestras

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Mi nombre es Nati (o Natalia) y voy a contarles lo que me sucedió hace unas dos semanas, porque aún estoy tratando de procesarlo y no puedo creerlo. Soy maestra y estaba sin trabajo, por más que hice cuanto pude, no lograba encontrar ninguna escuela que tuviera vacantes. Ya comenzaba a desmoralizarme, cuando una amiga me comenta que estaban buscando maestras en una escuela privada nueva que estaban inaugurando.

Fui a una entrevista con la directora del colegio, una señora muy elegante, joven, algo mayor que yo (tendría unos 40 años), y por cierto muy simpática. Me dijo de su proyecto y que me iban a llamar cuando supieran a quien habían seleccionado, porque tenía muchas postulantes. La gran alegría la recibí un mes después cuando me llaman a casa y me dicen que estaba seleccionada, que debía presentarme en el colegio para comenzar a preparar todo para el año lectivo. En total éramos 7 maestras las que comenzábamos esta etapa. El grupo era muy lindo porque todas teníamos más o menos la misma edad, y con muchas ganas de trabajar.

Las cosas estaban así, empezó el año, todo iba bien, con normalidad. Yo notaba que una de las maestras del grupo, Fernanda, era la preferida de la directora. Había cosas que mostraban que ella tenía sus privilegios, y si bien no me molestaba, a alguna de mis compañeras sí les caía mal. Yo trataba de mantenerme alejada de esto, nunca me gustó esa idea de formar grupitos o aislarme del resto, menos cuando éramos tan pocas.

Un día, al finalizar las clases, Fernanda me dice que estaba preparando el acto de fin de año, y que la directora, Betty, se lo había encargado a ella, que quería que yo colabore. La idea me encantó, y me dispuse a ayudarla en lo que pudiera. Quedamos en juntarnos en su casa a la salida del colegio. Fernanda era muy hermosa. Rubia de pelo largo hasta la cintura, bien lacio, muy dorado, y con unos ojos celestes enormes, bien redondos que parecían de cuento. Era alta, y con un cuerpo flaco, pero tenía esos enormes senos bien formados que destacaban en ella. Era el comentario de todos los padres de alumnos, que parecían formarse a la salida de clases para verla. Era soltera, pero llevaba casi 7 años de novia, y tenía planeado casarse luego de poder ahorrar algo de plata con su trabajo. Vivía con sus padres en una casa de las afueras de la ciudad. Estuvimos trabajando juntas toda la tarde, tratando de pensar cómo íbamos a organizar todo y dejando listo las distintas partes del acto. La verdad es que el tiempo pasó y pronto se hizo de noche. Ella me invitó a quedarme, lo que acepté, y estuvimos charlando hasta entrada la madrugada. Me contó que Betty, la directora, quería que fuéramos a su casa a mostrar cómo iba toda la organización, y que nos esperaba el sábado en la tarde.

Mucho no me gustó la idea, porque el sábado era mi día libre y podía descansar, pero Fer insistió tanto que al fin, acepté.

El sábado, Fer me pasó a buscar por casa. Iba vestida con un jean muy ajustado y una polera de algodón blanca. La verdad es que no podía dejar de mirar sus enormes senos y lo bien que se veía. Llegamos a la casa, una hermosa casa de campo, con un parque muy grande, una piscina, árboles, y flores por donde fuera que mirábamos. Betty nos recibió en una galería que miraba hacia atrás de la casa, desde donde se podía ver el hermoso parque. Había preparado el té, y algunos dulces. La charla fue distendida, como toda charla de mujeres, hablamos de todos los temas, que si los novios, los hombres, el trabajo, las mujeres, la vida, en fin. La estábamos pasando muy bien, y se estaba haciendo tarde, por lo que Betty nos dijo de quedarnos a cenar. Ella estaba sola, ya que su marido había viajado por trabajo. No tenían niños.

Pasamos a un living grande con sillones muy cómodos, y nos sentamos en torno a una mesa pequeña. Betty trajo vino para beber y unos bocaditos deliciosos para ir comiendo algo. Fer, se sentó a su lado, en el sillón grande, mientras que yo ocupaba el sillón del costado. En un momento, no sé por qué estábamos hablando de la peluquería y del tiempo que uno pierde allí. Betty elogiaba el pelo de Fer, tan dorado y suave, pero también me miraba el mío y me preguntaba qué hacía para tenerlo tan brillante. Mi pelo es negro azabache, largo hasta un poco debajo de los hombros, y muy lacio también. Les dije que nada en especial, que sólo lo cuidaba con algo de champú, baños de crema, pero nada en particular. Betty insistía en que yo algún secreto tendría para ello, y entre risas y tragos, de pronto ví su mano acariciar el pelo de Fer.

Le pasaba la mano por la nuca, y yo pensé que era broma, pero parecía gustarle a Fer también. La situación se estaba calentando demasiado, se tornaba algo incómoda, pero ellas parecían disfrutarlo. Noté algunas miradas pícaras entre Fer y Betty, hasta que sucedió algo que me dejó paralizada. Betty había tomado el vaso de la mano de Fer, lo dejó sobre la mesa, y corriendo hacia atrás el pelo que caía en la cara de Fer, le plantó un beso en la boca que casi la deja sin aliento. Lo que pasó después fue más increíble aún. Fer, no se inmutó, y colocó su mano en el seno de Betty, y comenzó a tocarla. Yo seguía en mi sillón sin poder moverme, mirando, y la verdad es que me empezaba a calentar. Betty se paró, y se fue. Nos quedemos mirando con Fer, nadie decía nada. Fue ella la que rompió el silencio,

– Ven, acompáñame…

Me tomó la mano y me llevó caminando por una pasillo hasta una habitación grande. Había una cama enorme, y una luz muy tenue.

– Tranquila, no va a pasar nada, y lo vas a gozar en grande.

Por detrás se acercó Betty y me colocó un pañuelo en los ojos, quedé ciega. Pronto, unas manos comenzaron a desvestirme despacio, me sentía aterrorizada, pero estaba gozando aquello. Podía sentir el perfume de ambas, tocándome, gozándome. Quedé totalmente desnuda, y sentía cómo me miraban. Betty dijo…

– Qué preciosa sois, tenéis un culo hermoso.

Después de esto me llevaron a la cama, me recostaron. Me abrieron las piernas flexionaron mis rodillas hasta dejar bien expuesta mi chocha. Debo decirles que tengo una choca grande, peluda (me gustan con mucho pelo), y que me estaba mojando toda. Creo que fue Betty la que empezó a chupar fuerte los labios de mi chocha, pasando su lengua por el clítoris y de allí abajo hasta casi llegar al agujero de mi culo. Mientras me chupaba, me decía lo rica que estaba, que le encantaba toda mi mata de pelos. Fer estaba a mi lado (eso creo porque no veía nada, pero sentía su pelo largo en mi cuerpo) y se dedicaba a succionarme los pezones rozándolos con los de ella. El sólo contacto con esos enormes pezones rosados me hacía vibrar. Me besaba como una experta, acariciándome. Llevó mi mano hasta su chocha y pude sentir lo suave de su pelo, comencé a masturbarla despacio mientras ella seguía entretenida con mis pezones. Estaba por acabar en un grito cuando sentí que Betty se separaba de mí, y se alejaba. Luego sentí algo grueso y caliente meterse en mí chocha hasta adentro. Me empecé a mover al ritmo de Betty que parecía tener una hermosa verga de plástico de dos puntas colocada con la que me estaba follando duro. El orgasmo vino como en un torrente, grité, se tensó mi espalda, me retorcía de placer, mientras Betty había sacado la verga y se dedicaba a tomar todos mis jugos.

– Ahora vamos las dos, dijo Betty.

Me pusieron de pie, me hicieron reclinar sobre la cama, y me comenzaron a frotar mi agujerito del culo. Luego sentí como si se rajara mi carne, grité por el dolor, pero tenía dentro a Fer que comenzaba a moverse despacio. Betty se colocó delante, y se metió dentro de mí. El placer era increíble, yo gemía, ellas también, estábamos a punto de explotar, íbamos a acabar de nuevo, ahhhh, el orgasmo duró una eternidad. Me sacaron la venda de los ojos, Fer se acostó y abrió sus piernas dejando para mí esa inmensa chocha peluda y mojada. Su clítoris era como un pequeño pene erecto, esperando a que me lo coma. Comencé a chuparla con suavidad mientras Betty se sentaba sobre su cara para que la chupe. El culo de Betty quedaba frente a mi cara, así que aproveché para meterle dos dedos y darle placer.

– No imaginas lo que va a pasar cuando me corra, susurró Fer.

Y así fue, cuando vino su orgasmo su chocha se hinchó de manera extraña, sus jugos brotaban como de una fuente, le chupé toda su miel…mmm, exquisita. Lo hicimos varias veces más, intercambiándonos de posición, tocándonos, recuerdo que desperté excitadísima nuevamente, estaba abrazada a Fer y su largo pelo rubio me rozaba mis pezones.

Desde entonces, somos las preferidas de la directora, y hemos organizado muchos actos más.

Autor: aznavour1

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